Barbara-Suarez

Bárbara Suárez

Inquieta desde la cuna, siempre sintió curiosidad por la peluquería.

Veía en ella una forma de expresión, de sacar a la luz lo que cada uno lleva dentro.

En sus comienzos en Madrid, la escuela Rizo’s fue su primera toma de contacto con la peluquería. Su pasión por el trabajo y su capacidad creativa la llevaron años después a ser la formadora de los profesionales que pasaron por esa escuela.

Su visión positiva y luchadora la ha hecho evolucionar constantemente, hasta que en el año 2010 creó Barbareando, su propia marca y salón. Esto la ha incitado a reforzar aún más si cabe, su formación técnica: Madrid y Londres son sus bases de reciclaje, con Tony&Guy como referente.

Casi sin darse cuenta, Barbareando se ha convertido en una referencia nacional, con su estilo personal, fresco, cómodo y desenfadado. Creadora del concepto “peinado no peinado”, enamora a sus clientas con un trabajo técnico impecable pero que nunca resulta clásico ni encorsetado, y las anima a seguir siendo ellas mismas pero más guapas.

Inquieta desde la cuna, siempre sintió curiosidad por la peluquería.

Veía en ella una forma de expresión, de sacar a la luz lo que cada uno lleva dentro.

En sus comienzos en Madrid, la escuela Rizo’s fue su primera toma de contacto con la peluquería. Su pasión por el trabajo y su capacidad creativa la llevaron años después a ser la formadora de los profesionales que pasaron por esa escuela.

Su visión positiva y luchadora la ha hecho evolucionar constantemente, hasta que en el año 2010 creó Barbareando, su propia marca y salón. Esto la ha incitado a reforzar aún más si cabe, su formación técnica: Madrid y Londres son sus bases de reciclaje, con Tony&Guy como referente.

Casi sin darse cuenta, Barbareando se ha convertido en una referencia nacional, con su estilo personal, fresco, cómodo y desenfadado. Creadora del concepto “peinado no peinado”, enamora a sus clientas con un trabajo técnico impecable pero que nunca resulta clásico ni encorsetado, y las anima a seguir siendo ellas mismas pero más guapas.

Barbareando-Equipo

El Equipo

Barbareando es gerundio. Pero también es plural, es equipo.

Detrás de Bárbara, o mejor dicho a su lado, hay un pequeño gran equipo. Laura e Isa son parte importante de Barbareando. Cada una aporta su capacidad y conocimiento para complementar el “estilo Barbareando”. Convencidos de esta linea de estilo, son la extensión natural de las manos de Bárbara. Las dos han sido formadas desde sus inicios por ella, y han evolucionado juntas en el estilo personal de Bárbara.

Su equipo es algo más que un grupo de empleadas. Es un todo que funciona alegre, feliz y sintiéndose parte del proyecto. Y esto se nota, y mucho: un salón donde no existen las malas caras, donde puedes ir a tomarte un café y saludar, donde a veces las risas enmudecen a los secadores.

Laura es la dulzura y la sensibilidad. Isa es la frescura y la energía. Y junto a Bárbara son la perfecta afirmación de que “un pequeño equipo puede hacer grandes cosas”.

Laura Valdés

Isabel Álvarez

Laura-Valdes

Laura es una extensión imprescindible del proyecto.

Aprendió de los mejores hasta que ella misma se convirtió en profesora convencida de la doctrina Barbareando.

Aporta dulzura, sensibilidad y buen hacer. Dicen que el estilo es el exterior del contenido; y este contenido es bondadoso.

Isabel-Alvarez

Isabel Álvarez es el complemento ideal para el concepto Barbareando.

De discípula a compañera, añade frescura, energía y juventud.

Dicen que la belleza sin gracia es un anzuelo sin cebo; pero en este caso, hay gracia a raudales.

Laura Valdés

Laura-Valdes

Laura es una extensión imprescindible del proyecto.

Aprendió de los mejores hasta que ella misma se convirtió en profesora convencida de la doctrina Barbareando.

Aporta dulzura, sensibilidad y buen hacer. Dicen que el estilo es el exterior del contenido; y este contenido es bondadoso.

Isabel Álvarez

Isabel-Alvarez

Isabel Álvarez es el complemento ideal para el concepto Barbareando.

De discípula a compañera, añade frescura, energía y juventud.

Dicen que la belleza sin gracia es un anzuelo sin cebo; pero en este caso, hay gracia a raudales.